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Conceptos de sociología literaria (cuestiones de autor)
... la definición del autor como individuo exige abrirse a su problematización como sujeto social que, consciente o inconscientemente, según su voluntad y a veces contra ella, escribe su obra en un medio predeterminado, dentro de un sistema (véase) literario que lo define y lo limita y que, incluso, traza el horizonte de sus rupturas y sus innovaciones. Así, la producción del autor -cuanto más individual se reclame y pese a ello- siempre es producción social y práctica de un sujeto socialmente determinado: de un sujeto, en última instancia, transindividual, y de una conciencia, siempre, colectiva. (...)
 

Por Carlos Altamirano y Beatris Sarlo, para Centro Editor de América Latina.

La noción de autor como sujeto productor de la obra literaria es, en si misma y también históricamente, moderna y problemática. No siempre se consideró que escribir fuera una práctica clasificable como profesional. Monjes, cortesanos y vagabundos fueron, en la Edad Media, escritores y seguramente a ninguno de ellos se les hubiera ocurrido responder como lo hizo William Morris ante un interrogatorio policial en el que se le inquirió qué era. Su respuesta: "Artista y bien conocido, según creo", es inconebible antes del siglo XVIII. Ya entonces existe, con toda evidencia, la comunidad artística que comienza a secretar su particular ideología: el artista romántico desprecia al público burgués, con el que ya no tiene vínculo, ni mucho menos una sujeción, directo. Las fórmulas del arte por el arte son la expresión cultural de la escisión y las teorías que entronizan a la inspiración como fuente de la obra literaria, su efecto en el plano de la estética. Flaubert, en su correspondencia, pone al desnudo el sistema de esta comunidad literaria: rechazado por el burgués, por su incapacidad para el goce estético (nunca sabrán, imagina Flaubert, la sangre que acostado cada una de estas frases; el burgués no entiende, no importa, ¡peor para él!, etc.), sólo los otros artistas pueden ocupar a la vez el lugar de creadores y de público entendido.

Abordar históricamente la cuestión del autor obliga a plantear la perspectiva del sujeto y su relación con estructuras transubjetivas: las clases sociales. Según este punto de vista, el sujeto-autor ha sido considerado por Lucien Goldmann, para quién la evolución histórica (y en ellas las producciones culturales) no constituye la suma azarosa de intencionalidades y acciones individuales, sino que aparece "como resultado de acciones colectivas de grupos humanos, acciones de las que los individuos que componen los grupos no son conscientes sino en un grado variable" (1967). La aseveración, deudora del materialismo histórico, de que el sujeto de la historia son las clases sociales, es trabajada por Goldmann en sus estudios sobre autores individuales: Racine, Pascal, los objetivistas. Por este camino, las estructuras: la colectiva y esencialmente social, definida en términos de grupos, sectores y clases; y la individual, siempre transubjetiva, que observa el individuo sumergido en el medio social y cultural.

La cultura, como comportamiento profundamente social, no puede librarse de la determinación colectiva y, en consecuencia, queda señalado ese carácter de la escritura y la producción de bienes culturales. Pero difícilmente el sujeto-autor alcanza a lograr en sus obras el grado de saturación significativa de la conciencia posible (véase) de su clase; solo los grandes escritores y filósofos (afirma Goldmann) alcanzaría ese grado máximo de coherencia y significación. Sin embargo, incluso en ese grado, el autor no puede ser concebido sino transindividualmente, en el interior de la clase a la que pertenece. El carácter social del autor se demarque más agudamente aún cuando se reflexiona sobre los instrumentos de la producción literaria: el lenguaje, en primer lugar, las formas que la tradición ha transmitido, luego. Y, fundamentalmente, los materiales, las temáticas, las convenciones, las leyes de legitimidad artística, que son, en lo esencial, sociales y colectivas. En esta perspectiva, la definición del autor como individuo exige abrirse a su problematización como sujeto social que, consciente o inconscientemente, según su voluntad y a veces contra ella, escribe su obra en un medio predeterminado, dentro de un sistema (véase) literario que lo define y lo limita y que, incluso, traza el horizonte de sus rupturas y sus innovaciones. Así, la producción del autor -cuanto más individual se reclame y pese a ello- siempre es producción social y práctica de un sujeto socialmente determinado: de un sujeto, en última instancia, transindividual, y de una conciencia, siempre, colectiva.

Desde otra perspectiva, la noción de autor también parece problemática. Su flexión semántica incluye no solo a quién escribe el texto sino a quién es su primer propietario intelectual y material. Así la noción de autor se define incluso en relación con los derechos efectivos sobre el texto: derechos de enajenarlo a un editor, de percibir parte de los réditos que su edición arroje, etc. Esta concepción es marcadamente histórica y propia de los últimos tres siglos. Nace, podría afirmarse, con la problematización -burguesa- del individuo como sujeto autónomo y libre. El autor sería poseedor pleno del producto de su trabajo intelectual y, al mismo tiempo, se vería obligado a enajenarlo: la obra una vez escrita escapará de sus manos. La edición y el mercado (véanse) dispondrán de su destino.