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Lo informó Oliver Galak en este mismo diario hace algo más de un mes: suman, hasta ahora, trescientos cincuenta los argentinos que se quitaron la vida tras combatir en Malvinas. Arrasados por conflictos psíquicos, moralmente desvalidos y económicamente acorralados; ignorados, en suma, por un Estado incapaz de brindarles protección y reconocimiento, se fueron suicidando, identificados acaso con la intrascendencia a que se los condenaba y no pudiendo soportar más la imposibilidad de reingresar a la vida que dejaron al partir hacia las islas del sur. Sin poder albergar en un corazón templado por el equilibrio el recuerdo de sus compañeros muertos, esos hombres que optaron por matarse fueron descubriendo que el infierno era haberlos sobrevivido.

Poco podía hacer por ellos el Estado envilecido por quienes buscaron en la guerra una forma de perpetuarse en el poder. Poco, asimismo, quienes, a los tropezones y tras la derrota ante Inglaterra, devolvieron al cauce constitucional los afanes de una comunidad desorganizada. Menos aún quienes luego demoraron y entorpecieron la transición plena a la democracia mediante el juego perverso desplegado por los poderes sectoriales a expensas del bien común. En el marco de una sociedad jurídica e institucionalmente debilitada, el desamparo de los hombres que se jugaron la vida en aquellas remotas tierras perdidas no podría sino ser trágico. Y trágico fue asimismo el desenlace ulterior de muchos. De muchos de ésos a los que se llamó, no sin ligereza, sobrevivientes. Un desenlace que, a ojos vista, no parece consumado. No sólo porque siguen siendo incontables los veteranos de aquella guerra expuestos todavía a las mismas descalificaciones objetivas y a las mismas torturas subjetivas que terminaron por tronchar tantas vidas, sino además porque semejante desgracia no podrá ser revertida hasta que no entendamos, de una buena vez, qué significa ejercer la auténtica memoria.

El Estado no puede seguir desconociendo hasta dónde ha contribuido a sembrar ese mismo olvido que quiere combatir. Su memoria sesgada excluye del recuerdo responsable a los veteranos de la guerra de Malvinas. Es incapaz de concebirlos como lo que realmente son: expresión eminente de un derecho a la ciudadanía que fue menoscabado. Su pesar sin mengua viene a probar que la memoria cabal no es mera evocación sino acción transformadora; acción capaz de enmendar las condiciones políticas que privaron a esos hombres de una inscripción real en el escenario de la dignidad y de la comprensión solidaria que se les debe. Derrotados en la guerra, lo fueron también en la paz, pues en ella no han dejado de estar expuestos a un desconocimiento que se confunde con la crueldad y se enmascara en la retórica.

Tiene razón Rodolfo Merlino, presidente del "Centro de ex combatientes de Islas Malvinas" de La Plata. ...l exige que se tome en serio la cuestión "porque se van a seguir muriendo compañeros". Y aporta los datos en los que funda su inquietud: 78 por ciento de los ex combatientes encuestados sufre trastornos relacionados con el sueño; el 28 por ciento reconoce tener ideas recurrentes respecto del suicidio; un 10 por ciento admitió haber realizado uno o más intentos de quitarse la vida después de la guerra.

El abandono psicosocial en que se encuentran los veteranos de Malvinas fuerza a concebirlos como excluidos de la memoria. Al ignorarlos, nos ignoramos como argentinos. Despilfarramos las enseñanzas de una historia que tanto tiene para decirnos. Muchos de esos veteranos se han matado y acaso otros lo lleguen a hacer porque el país no los ha ayudado a convertir en pasado los padecimientos que les impiden tener un presente.

Recordar maduramente a quienes cayeron en las Islas Malvinas es aprender a cuidar a quienes de allí volvieron. Reintegrarlos no puede querer decir otra cosa que esmerarse en dar consistencia a un Estado capaz de brindarles el pleno amparo de la ley. La auténtica memoria, repitámoslo, no evoca. La auténtica memoria transforma las condiciones que hicieron posible la impunidad, restablece el estado de derecho, restaña el tejido de las instituciones republicanas.

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aurelia*rivera libros | cuidad de buenos aires - argentina | última actualización 02 ABRIL 2006