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Revista semestral
Año XI – Nº 12 / Julio 2007. ISSN 0329-2142
 
Sumario
Editorial

La Carrera de Sociología de la UBA realiza esta ceremonia de apertura del año 2007 en el marco de dos cuestiones que tienen una significación muy especial para la historia de la sociología argentina. Para la historia, para el presente y también para las propuestas hacia adelante que puedan surgir de esta comunidad académico cultural. Propuestas dirigidas a afianzar y fortalecer la institución, para hacer en suma lo que hay que hacer, que es formar y producir conocimiento en el marco de un pluralismo académico que habilite debates sostenidos en argumentaciones fuertes, vitalizadores, en fin, de nuestra vida universitaria.

Hace 50 años se creaba en esta Universidad de Buenos Aires nuestra carrera de Sociología. En este contexto de aniversario, que nos habilita de alguna u otra manera para reflexionar libremente sobre nuestra accidentada y por momentos dramática historia, sufrimos hace unos días la pérdida de un compañero, profesor de la Carrera de Sociología, Juan Carlos Portantiero, a quien, como miembro de una comunidad universitaria heredera de las grandes tradiciones de la Universidad pública Argentina, queremos hoy homenajear.

La Carrera de Sociología de la UBA homenajea entonces a quien fuera un estudiante y destacado profesor de nuestra carrera, a quien fue Decano de esta nueva, productiva y promisoria facultad de Ciencias. Sociales, al Profesor Emérito de la UBA. Pero sobre todo, desde este espacio que forma parte fundamental de uno mayor por el que él transitó y que le permitió producir obras al estilo del intelectual argentino (parciales, fragmentadas, y aun las más complejas, informadas por el apasionamiento de estar inmerso en las aguas inquietas de los diferentes momentos del mundo político cultural), queremos homenajear a quien, efectivamente por esta implicación fuerte con la vida académica, con el mundo cultural y con el espacio de la política, no puede ser nombrado sino como un intelectual en el sentido más productivo del término.

Este intelectual fue sin lugar a dudas un referente singular por muchos años en distintos contextos políticos culturales de una zona significativa de la cultura argentina. Y, a decir verdad, como miembros de esta comunidad accidentada, poblado de situaciones conflictivas y dramáticas, nos preguntamos –desplegando límites cotidianos, interiorizados– cómo producir un homenaje a un compañero de esta significación sin que este ritual suponga una cristalización de su biografía intelectual, de su producción, de su apasionante implicación con las cuestiones publicas de la sociedad argentina. Cómo se hace, entonces, para organizar un ritual de homenaje en una situación como la presente, evitando la inauguración de un panteón cosificado, sobre todo cuando se está homenajeando a quien tuvo una relación absolutamente vital con el conocimiento.
Y quizás uno de los posibles caminos para no renegar de la vitalidad es que este acto sea además de la escenificación grupal de la tristeza por la ausencia de un compañero, una práctica intelectual activa. Y así, creo que efectivamente podemos poner sobre la mesa una herencia, una tradición de la que indefectiblemente el Negro Portantiero formó parte y contribuyó centralmente a construir. Una tradición en el sentido más amplio, que envuelve prácticas diversas y posicionamientos diferentes en distintos momentos históricos, pero que tiene elementos claros que le proporcionan una identidad.

Qué significa para nosotros como Dirección de la Carrera de Sociología, como miembros de una comunidad académica, como profesores, como estudiantes, qué significa exactamente esa herencia, la pertenencia a esa compleja tradición. Ante todo, los elementos que le proporcionan identidad son básicamente aquellos que organizan una manera de pararse frente al conocimiento. Para decirlo más específicamente: sin lugar a dudas reivindicación de la autonomía cultural en la producción de conocimiento, pero tensionada por la vida política, por supuesto, entonces tensionada por la preocupación por encontrar respuestas a problemas de la sociedad concreta en un momento histórico concreto. Entonces, relación con el mundo especifico de las Ciencias Sociales y apropiación de las herramientas que proporcionan las grandes tradiciones de la teoría social. Claro que sí, quién lo duda. Pero también, con diferentes formas culturales legitimadas o no, que son herramientas que nos permiten pensar lo social. Preocupación, les decía, por la cosa pública tensionados por objetivos políticos que trascienden un profesionalismo restringido. Esta es una herencia que tiene indudablemente que ver con la biografía intelectual del Negro Portantiero y que permite encontrarnos con lo mejor de la sociología argentina. Diría más, esta herencia es constitutiva de la historia de la Carrera de sociología de la UBA, de su identidad institucional y académica.

Desde los primeros momentos de su creación, quien fuera su fundador sostenía esta nueva identidad en la obvia reivindicación del conocimiento científico, frente a maneras especulativas idealistas de pensar lo social, pero su práctica científica estaba absolutamente alumbrada por preguntas trascendentes que, claro, iba a responder a partir de esa inserción en una moderna comunidad académica y científica internacional. Gino Germani, de quien estamos hablando, intervino, lo hubiera deseado o no (no es relevante) en las luchas por la imposición de visiones del mundo en una sociedad concreta en un momento histórico determinado. Porque entre otras cosas iba a construir objetos analíticos que dieran cuenta de fenómenos complejos como el peronismo. Iba a intervenir, utilizando este espacio de autonomía construido recientemente, las herramientas teóricas y metodológicas de la sociología, para dar cuenta de problemas significativos de la sociedad. Quién podría negar entonces que Germani, además de un académico es un intelectual. Quien podría negar que cuando Germani dice “están dadas las condiciones para que la democracia de minorías del reciente pasado se transforme en una democracia en la que realmente todos participen, mas si no logramos este avance decisivo correremos el riesgo de caer en tiranías mucho peores que las formas oligárquicas del pasado” el que habla es un intelectual. El que interviene de esa manera en la vida pública esta profundamente motivado por objetivos trascendentes que son sin lugar a dudas objetivos políticos que están mediados por su saber específico, por su pertenencia a un particular espacio del conocimiento.

El joven intelectual Portantiero, además de circular por otros espacios de la cultura, también hacía suyo este espacio marcado por la formulación de preguntas, que a la vez que se sostienen académicamente, por su significación política, vuelan más allá de los límites de la academia. En este mismo lugar estuvo sentado el Negro Portantiero, contando sobre algunos momentos de su biografía intelectual, hace dos años y pico en el Congreso Nacional de Sociología. Allí mencionó dos referencias fundamentales en su formación, dos personas que habían influido fuertemente en su vida intelectual. En un caso pertenecía al mundo político cultural y en el otro, además de esa pertenencia, le agregaba su identidad específicamente académica. El primero, un intelectual reconocido en esa época, hombre del Partido Comunista Argentino, Héctor P. Agosti, el otro, José Luis Romero, prestigioso académico, también militante político, rector de la Universidad de Buenos Aires. Quizás es Héctor P. Agosti en esos espacios culturales politizados el que promueve esa relación con lo que sería una herramienta importante para que el joven Portantiero comenzase a analizar algunos fenómenos de la cultura argentina, y lo que es más, para lo que era la tradición de la izquierda marxista en ese momento. Ese primer libro, que el Negro no quería recordar mucho, pero que sin embargo se constituyó en un gesto, un movimiento mas que significativo en términos político-culturales. “Realismo y realidad en la literatura argentina” es un gesto realmente bien interesante para trabajar contra las maneras reduccionistas de pensar la relación base-superestructura, en tanto alumbrado por este nuevo conocimiento que él encontraba no en el mundo académico sino en los espacios político-culturales que estaban relacionados en ese momento con el partido comunista. Él era un joven secretario de redacción para esos años de la revista Cuadernos de cultura, pero para esta tradición en la que detrás de Agosti esta Ponce y detrás está Ingenieros, para esta tradición que tiene lo mejor de la herencia iluminista, está presente la formación y el estudio como un elemento central. El joven intelectual que había entrado a la carrera de abogacía, que luego se convierte en secretario de redacción de la revista Cuadernos de cultura también va a desembarcar en este nuevo espacio significativo de modernización de la sociedad argentina, la Carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires fundada por Gino Germani.
Si se quisiese reconocer a tres instituciones fundamentales de este proceso de modernización cultural, no es un esfuerzo mencionar lo que fue una extraordinaria empresa cultural, la editorial universitaria de Buenos Aires, quizá también el Instituto Di Tella en su momento, y sin lugar a dudas claro, la carrera de sociología de la Universidad de Buenos Aires.

La carrera de sociología pelea de una manera compleja y quizás un tanto desconcertante en algunos primeros momentos contra formas de pensamiento especulativos, pero estas formas de pensamiento provenientes de distintas miradas, pero fundamentalmente de un humanismo historicista, no son del todo extrañas para aquellos que vienen de una formación compleja en las que están presentes, no solo este mundo académico que va a renacer con absoluta fuerza, sino también otras zonas del mundo cultural como puede ser en el caso del Negro Portantiero la revista Cuadernos de cultura del PC. La implicación con la vida política y el mundo cultural más amplio que el académico no era extraña a ninguno de estos personajes que fueron referentes significativos de la vida intelectual en la sociología argentina.
Las grandes preguntas que se formula Portantiero y para las que recurre a herramientas, insisto, que en algún caso están ancladas en algunas tradiciones académicas y que en algún momento las que hoy ya pertenecen a la tradición académica todavía no lo estaban, también se recuperarán. Por eso digo vocación de intelectual. Porque es aquel que utilizando esos saberes, ese capital adquirido, que no sólo forma parte de un lugar específico y restringido del mundo del conocimiento, sino que como portador de esa vieja herencia que nos remite a Ingenieros, porta la posibilidad de relacionarse con la totalidad del conocimiento universal, con los agujeros , con los rincones que le permiten encontrar nuevas maneras de pensar una sociedad que era indudablemente compleja.

Muchos de uds. que han participado de estas experiencias quizá lo tengan más vivamente presente que yo pero que aunque yo no lo pueda observar sino desde una perspectiva histórica, es posible reconocer que esos momentos de afianzamiento de un pensamiento sobre qué es la sociedad argentina, cómo actúan los actores de la sociedad argentina, va a estar profundamente iluminada por las preocupaciones para entender qué diablos es esto que se llama peronismo. Entender el peronismo fue un elemento constitutivo de lo que fueron los inicios de la sociología argentina, y de toda la década del 60’. Recuerdo que el Negro Portantiero cuando yo estaba haciendo un trabajo sobre la sociología en la década del 60’ me alcanzó un texto de la revista Confirmado en el que hacía una mención acerca de su relación con la sociología y me dijo que allí vería cómo los sectores más dinámicos del mundo universitario estaban relacionados con el mundo de la política en ese momento.

Creo que lo volvió a reafirmar en esta misma mesa aquí cuando en esa exposición, reportaje público, que hicimos en el Congreso de Sociología dijo con la dignidad que siempre lo caracterizó “de alguna u otra manera todos fuimos montoneros “ y con eso quiero decir todos tuvimos algún tipo de relación con uno o el otro partido armado que circuló en la Argentina en ese momento. Cuando Portantiero en 1971 interviene en un debate que es registrado por la revista Confirmado él me alcanza esta cita que yo reproduje como epígrafe en un artículo y que obviamente tuvo oportunidad de leer. Decía en esos momentos: “frente al problema general de la sociología quisiera decir que en primer lugar yo no me defino como sociólogo sino como socialista revolucionario. La respuesta es simple y lógica,’’ decía el Negro en esos años “o la sociología sirve como instrumento capaz de apoyar cambios de tipo político o no me interesa como profesión’’ y en realidad me pareció que esta mirada se corresponde con toda su biografía político cultural. Quiero yo reafirmar esta cuestión porque las miradas de preocupación por construir una sociedad mejor cambian, sufren vuelcos producto de las situaciones absolutamente traumáticas que vive la sociedad argentina. Nosotros venimos de una carrera de sociología que está contenta de tener albergue en la facultad de Ciencias Sociales y de tener una continuidad institucional de 15 años; en realidad la carrera de sociología tuvo nacimientos, rupturas, idas y vueltas hasta lo que todos uds. conocen que supuso una ruptura del campo intelectual y académico de la sociología a partir de la experiencia terrible del terrorismo de estado. El exilio, las muertes de muchos compañeros. La pasión hecha implicancia política en la década del 60’ había llevado a diferentes tipos de compromisos, y reivindicó que el compañero acá lo haya mencionado como una parte constitutiva de su historia. Algunos desde el espacio intelectual trataron de pensar cómo se podían producir procesos de cambio revolucionario en una sociedad particular como la sociedad argentina o en el mundo latinoamericano en general; esa pasión por construir mundos mejores hizo que muchos otros también no solo utilizasen las herramientas intelectuales sino que hasta pasasen decididamente a la acción. En estos días la Facultad de Sociales le realiza un homenaje también al sociólogo Roberto Carri que efectivamente fue el caso : compañero, intelectual que tiene una presencia también importante en una generación quizá menor que la del Negro que decide directamente su incorporación a lo que era un proceso no extraño si se piensa en la lógica histórica del momento que era su incorporación a la lucha armada.

Esas situaciones de relación con el conocimiento marcadas por esa profunda tensión y apasionamiento con la política fue algo que sigue existiendo en el caso de nuestro homenajeado de hoy de distintas maneras. También con dignidad y con sinceridad pudo pararse y pensar de una manera angustiada y compleja ese proceso anterior y producir cambios de pensamiento que son absolutamente legítimos en cualquier sociedad y en cualquier espacio que haya vivido estos momentos traumáticos. E intentó pensar junto con otros compañeros generacionales cómo era posible la construcción de un orden democrático. No vamos a decir –porque nosotros somos todas personas que tenemos algún tipo de intervención en la vida pública, y no tiene mucho sentido decirlo– si alguno de nosotros apoyó o estuvo de acuerdo con el Negro Portantiero o no está de acuerdo. Eso es absolutamente irrelevante. Lo que nosotros planteamos como cuestión central aquí, y que nos parece la mejor herencia de la carrera de sociología, es una manera de pararse frente al conocimiento que reivindica una actitud absolutamente vital. Las peguntas acerca de qué pasa en la sociedad están formuladas apasionadamente por preguntas dirigidas por la preocupación política, son preguntas que se formulan de manera apasionada y no necesariamente están de acuerdo con el mundo de la agenda académica. Lo mejor de la sociología argentina tensionó de alguna u otra manera ciertas convenciones de la agenda académica. Digamos que es verdad que en la década del ‘60 todas las cosas se tensionaban y se producían cosas nuevas a cada momento; el mundo universitario se transformó en un espacio absolutamente revulsivo y tuvo una mirada crítica más que significativa para pensar distintas situaciones, yo creo que esta biografía intelectual, esta manera de pararse frente al conocimiento es verdaderamente una herencia que nosotros como carrera de sociología tenemos la obligación de rescatarla como una institución de grado que se propone incorporar elementos desacomodadores para pensar el orden social. Es una situación difícil y compleja pero sin lugar a dudas hay elementos de esa herencia sobrevolando por las aulas de la carrera de sociología. En las aulas de la carrera de sociología, que no son extrañas a la decadencia del sistema universitario, no son extrañas al deterioro general de la política, ni al deterioro general de ciertos sectores culturales y de la sociedad más amplia, todavía existen preocupaciones trascendentes que están siempre presentes en las preocupaciones de compañeros que se relacionan con el mundo de la ciencia y la política.
Nosotros estamos absolutamente orgullosos de contar con una presencia constante de agrupaciones políticas porque creemos que la relación con la vida política es constitutiva de la sociología. No somos ciudadanos suizos, y bueno… Así es la vida, hacemos lo que podemos, vivimos en este mundo, pero creemos que cada uno de los militantes de cada una de las agrupaciones actualiza la herencia de estos referentes que tuvieron un papel intelectual mas allá de una sociología académica. Porque intentan en un contexto absolutamente adverso, complejo, difícil, formular preguntas que vayan mucho mas allá de una legítima carrera profesional, que vayan mas allá del carrerismo académico, que le permitan a la sociología poder encontrar respuestas a algunos de los interrogantes que nos plantea la sociedad contemporánea. Y sin lugar a dudas esto tiene que estar relacionado con las mediaciones de la autonomía académica, con el mundo de la política. Todavía hoy muchos compañeros de agrupaciones estudiantiles, algunas pertenecientes a partidos, otras independientes, se juntan y arman una revista, y la revista sale como se puede, a los tumbos. Dirán cosas más interesantes en algunos casos, menos interesantes en otros, pero ahí esta la herencia: en la reunión de discusión de textos en el bar, en la construcción de la lista de lecturas académicas y extraacadémicas, formuladas a partir de preocupaciones políticas; en los debates que serán en algunos momentos mejores y en otros peores. Estamos en una universidad en decadencia, pero nosotros queremos hacer todo lo posible desde este pequeño espacio de la carrera de sociología para poner a este ámbito académico e intelectual a la altura del prestigio que tiene todavía hoy la Universidad de Buenos Aires.
La Carrera de Sociología puede procesar esa herencia encontrándose con los actores fundamentales de esta comunidad académica que son los profesores y los estudiantes. Nosotros no podemos restringirnos a una estrategia de flotación como fue tan común en la década de los ‘90 en los partidos de centro izquierda. Nosotros no somos una gestión, nosotros somos una Dirección de Carrera que trata de proponer proyectos y abrir debates para generar ideas acerca de qué debe ser la sociología hoy en la Argentina. Ahí estamos realizando, creemos nosotros, la herencia de estos compañeros que tuvieron una preocupación académica fuertemente tensionada por lo político. Ahí es que nosotros creemos hacer realidad esta tradición que es lo mejor de la sociología argentina.

Por eso en la carrera de sociología abrimos el juego y organizamos jornadas de reflexión donde participan de la manera en que es posible, estudiantes, graduados y profesores. Tratamos de pensar cómo hacer, pero no para resolver un problema técnico, no para resolver problemas reglamentarios –que hay que resolverlos por supuesto. Estamos alumbrados por preguntas que tienen que construirse colectivamente en la comunidad académica sobre qué diablos debe ser un sociólogo a principios del siglo XXI. Y puede ser muchas cosas, pero nosotros vamos a apostar para que tenga algo que ver con estas tradiciones de implicación profunda con la sociedad y con la vida política. En realidad, la discusión de los temas de la sociedad con las herramientas de la teoría social son las cuestiones que uno tiene que poder proporcionar como una herencia y activar esa tradición. Trataría de terminar estas palabras diciendo algo que el Negro Portantiero dijo con mucha claridad y que a mí me parece que es un eje de eso que yo llamé centralmente una actitud, una relación particular con el conocimiento. El Negro Portantiero dijo acá cuando le preguntaron sobre un autor al que conocía de una manera minuciosa: ‘‘yo no soy gramsciólogo’’. Aquel que tenia un conocimiento minucioso de Antonio Gramsci dice no soy gramsciólogo. Y cuando lo dice está peleándose, quiera o no quiera, con esas maneras reproductivistas, infantiles y mecánicas de pensar la relación con el conocimiento universal: Se dice y se reproduce acá lo que ha dicho un sociólogo francés, de una manera más o menos rápida, sin reflexionar demasiado “conocimiento para ser enseñado”. Trabajar contra una formación que trate a las herramientas de las grandes tradiciones de la teoría social no como herramientas sino como conocimiento cosificado para ser enseñado es parte central de esa herencia. Herramientas que nos permitan pararnos frente a la complejidad de esta sociedad y construir objetos analíticos que digan algo sobre estas situaciones cambiantes de la sociedad y la política en los comienzos del siglo XXI , esa es nuestra apuesta. Aquel que había trabajado con intelectuales (podemos pensar en muchos de los compañeros que hoy tenemos el honor que sigan siendo profesores de nuestra carrera) no quiso ser simplemente un erudito, sino alguien que se propuso una relación vital con zonas del conocimiento universal.

En todos esos casos propusieron esa relación, no restringida a los nichos académicos del momento coyuntural sino que estuvieron fuertemente preocupados por encontrar en diversas zonas del mundo de la cultura otras tradiciones, diversas miradas que permitieran decir algo sobre la sociedad del presente. No queremos construir profesores que repitan textos, eso es una postura de la Dirección de la Carrera de Sociología. Queremos formar personas que puedan construir conocimiento sobre lo social. Cuando nosotros intentamos después de las jornadas de reflexión, como una experiencia piloto, generar un taller que probablemente se realice dentro de dos cuatrimestres (desde el principio de la carrera los estudiantes de primer año van a tener una posibilidad de relacionarse con una práctica de investigación), estamos pensando en esa mejor tradición. No queremos personas que le prendan velas a los libros como si fueran santos, queremos producir sociólogos que tendrán diversos recorridos luego en el mundo privado, en el estado , en la investigación, en cada uno de los múltiples espacios que puede trabajar un sociólogo y es legítimo que eso sea así. Pero la universidad pública tiene la obligación de producir condiciones para actualizar lo que es el conocimiento académico a nivel internacional y generar posibilidades de apropiación de la manera más eficiente y rápida posible de ese conocimiento y para generar nuevos conocimientos Experimentar sobre la posibilidad de que los estudiantes se apropien rápidamente de la experiencia de investigación es una apuesta que no es simplemente un recurso de orden técnico, es una apuesta significativa que está alumbrada por grandes preguntas y que tiene que ver con esta historia y con esta tradición. Cuando mencioné recién que el Negro había dicho en 1971 “la sociología no me interesa como profesión si no es para pensar en cambios revolucionarios”, se podría expresar de otra forma en un contexto como el presente. Pero básicamente, bajo otras formas, el espíritu de construir preguntas desde la autonomía cultural y la inquietud por develar estructuras y relaciones complejas de la propia sociedad es una apuesta que hacemos y que se inscribe en esa tradición. Esa es la herencia, esa es la tradición que nosotros queremos incorporar como un elemento absolutamente vital. Esa tradición no es unívoca, esa tradición no es dogmática, es simplemente una manera de pararse frente al conocimiento. La realización de esta actitud frente al conocimiento se actualiza en términos concretos a partir de distintas miradas teóricas, metodológicas, ideológicas que en nuestro plural espacio académico tienen una expresión efectiva y real.

Nuestro homenaje a Juan Carlos Portantiero no quiere ser un homenaje simplemente recordatorio de algunas obras, sin lugar a dudas significativas. Quiere recordar que hay obra significativa, que hay un tipo de biografía intelectual y que, sobre todo, hay una manera de pararse frente al conocimiento que la carrera de sociología de la UBA hace suya. Y que propone esto como una bandera amplia, en un espacio para el debate, para la discusión, en un ámbito para la apropiación de ese conocimiento que debe ser cada vez más universal y heterogéneo y no restringido a nichos académicos coyunturales.


aurelia*rivera libros | cuidad de buenos aires - argentina | última actualización 30 AGOSTO 2007